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jueves, 19 de febrero de 2015

Hijo con discapacidad y límites

Sabemos que como padres podemos tener distintos estilos de crianza, desde el más autoritario al más liberal. Además de ello, desde que el bebé empieza a deambular se enfrenta con la palabra NO, que simboliza los primeros límites que como padres le imponemos, relacionados mayormente con su propia seguridad física.
Al ir creciendo el niño aprende al convivir con su familia que hay cosas permitidas y otras prohibidas, o al menos, no positivas para determinados momentos.
Al menos que la discapacidad que nuestro hijo tenga sea muy severa o profunda, sabemos que SIEMPRE es sumamente necesario poner límites. Éstos tienen que ver con la seguridad personal, el respeto a los otros, el control de impulsos, etc.
Como madre, siento que cuesta mucho poner límites y que a veces uno siente que ocasionamos más sufrimiento a nuestros hijos del que ya han experimentado con su discapacidad. Aquí surge el reconocimiento de que la manera o el estilo de
poner límites para educar depende nuestra propia historia, ideología, valores y la concepción de discapacidad que poseemos.
En cuanto a este último punto , recordemos que la concepción de discapacidad ha ido cambiando con el tiempo. A lo largo de la historia, los "diferentes" han
sido negados,escondidos o aniquilados.En la actualidad se busca desde organismos como la ONU, que reconozcamos a las personas con discapacidad como PERSONAS a las cuales la sociedad le presenta barreras de todo tipo. La sociedad es la que debe ser inclusiva, brindar igualdad de oportunidades y se ACCESIBLE, en lugar de que el discapacitado tenga que adaptarse a ella.
Es necesario que tomemos conciencia
de nuestra perspectiva en relación a la discapacidad para poder educar a nuestros niños. No es lo mismo tenerles lástima a tenerles respeto a la hora de decir NO a sus deseos.
Si  los amamos les enseñaremos con paciencia pero sin perder de vista que a pesar de sus limitaciones deben y pueden aprender a convivir. Esto también ayudará para que sean partícipes de su propio tratamiento, rehabilitación,aprendizaje, en suma de su propio proyecto de vida.
forma de reconocerlos como persona el enseñarles a
Por ese motivo es un tema a tratar en familia, para que todos colaboren con una sola "versión" o " palabra" a fin de no dar mensajes equivocados al niño. Además es bueno consultar con los profesionales que asisten al niño y aún a nuestro propio terapeuta. De esta manera, poner límites será un proceso saludable y con el enfoque puesto en el bienestar del niño.
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Para interiorizarse acerca de temas similares les propongo leer el texto del preámbulo
de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad(ONU,2006)


lunes, 17 de noviembre de 2014

"Un puñado de semillas" : un cuento de huerta

Encontré este libro en la biblioteca y me gustó la historia. Aunque un poco triste, no se aleja mucho de la realidad de muchos de los niños de nuestra Latinoamérica.
Refleja los valores del trabajo,la amistad, la solidaridad, el trabajo cooperativo y el apreciar los dones de la naturaleza. También están presentes las enseñanzas de una gran abuela.
Hermosamente ilustrado, me encantó.





Para ver y oír el cuento completo:

https://www.youtube.com/watch?v=b0lrV8-elFs


URL de la imagen: 
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgqZ3p_nFt9UflbQvWjDD7yQttQ2X8oU12ggxY0Cp7_70PQb0FzjOvao7Pz_9ikeQti6IwXKE5paLxtpnmBUk8UTnIhliJUm7jkSvNXDDvzdre6p1QIBeJpb5L-SWCmyvvR3f3sMqKJeIQ/s1600/Un+pu%C3%B1ado+de+semillas.ampliada.jpg

martes, 11 de noviembre de 2014

10 beneficios de cuidar una huerta con los niños

1) Contacto con especies animales
2) Contacto con especies vegetales
3) Aprendizaje de técnicas de cultivo
4) Aprendizaje del cuidado de la naturaleza
5) Aprendizaje de valores como la paciencia, el respeto,el interés por otros, la gratitud por lo que nos ofrece nuestro trabajo y la naturaleza.
6) Actividad física al aire libre.
7) Tiempo para charlar con otros.
8) Formación de hábitos saludables: rutinas de trabajo, técnicas, respeto por horarios y /o estaciones para regar, sembrar, cosechar.
9) Creación de un vínculo positivo con la naturaleza y con los demás : cooperación, colaboración.
10) Producción de alimentos más seguros y saludables.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cuentos con valores : " La esquina del Año Nuevo"


Un cuento infantil  donde los protagonistas son los chicos.Recomendado para leer en familia.
Leerlo me hace revivir experiencias de mi niñez, repletas de juegos de barrio con amigos y primos.Me recuerda también que en las grandes necesidades hay grandes posibilidades de hallar más afecto, solidaridad, pureza, generosidad y amistad. Como digo siempre acerca de las Fiestas de Navidad, Fin de Año y Reyes: Agradezco las celebraciones en las que menos cosas materiales recibí porque, a  cambio, tuve mucho amor de mis seres queridos.




La Esquina del Año Nuevo 
por Laura Devetach


Si en el barrio había un juguete, ése era la olla de la abuela.Negra, panzona, increíble, colgaba de un paraíso atada con una soga.
La abuela vivía en la esquina, al lado del baldío. Y los chicos se hamacaban en la olla, se internaban en su panza y realizaban misteriosos viajes balanceándose en la rama.
Pero las cosas no andaban muy bien por aquellos tiempo. El dinero valía tan pero tan poco que, si se caía una moneda, la gente que tenía trabajo ni se agachaba a levantarla.
Sí, la gente que tenía trabajo. Porque muchísima gente  no tenía dónde trabajar. LA Navidad había venuido bastante arrugada y tristona, con poco para festejar.
Chabela y sus hermanos no habían tenido regalos. Ni Bety, ni los mellizos, ni casi nadie. Laurita y Gusti estaban un poquito mejor porque, como sus padres sí tenían trabajo, hicieron sangría para convidar a algunos vecinos y ellos recibieron unas zapatillas rojas con las que podían hasta volar.
Pero el Año Nuevo pintaba negro.
Para Chabela el Año Nuevo nunca había tenido mucha gracias porque era una fiesta sin regalos. Pero  Laurita decía que era divertido.
A veces los grandes se ponían tristones por esas cosas del año que se va y del año que viene y de que allá por año verde las cosas andaban mejor y etcétera.
Pero las noches se doraban con cohetes y había confites y as polleras bailaban en el aire. Gusti no entnedía por qué en Año Nuevo regalos no. Y andaba reclamando y, hasta hacía poco, el muy sí señor había conseguido un autito extra.
Pero esta vez, ni soñando.
Peor, esta vez andaba todo tan nublado que en las casas no había qué comer.
Chabela, Laurita y Gusti ya habían hecho sus averiguaciones por la cuadra. Doña Celia tenía fideos. La Abuela, repollo. Los Gutiérrez, cebollas y fideos. Y así, fideos más, fideos menos, hasta que se enteraron de que los siete hermanitos Pérez tenían dos cubitos de caldo y un pan.
Aquella tarde fue muy activa para los chicos.
Chabela habló con Laurita, Laurita lo mandó a Gusti y Gusti lo mandó a Pechecho, que dijo que sí aunque no entendió muy bien la cosa porque tenía dos años.Se pelearon y se amigaron con Raúl, Susana, Germán, Gustavo, los mellizos y MAría José.
Fueron y vinieron  haciéndose los buenitos, blanqueando los ojos si alguien les preguntaba qué hacían y, sobre todo, desapareciendo durante buenos ratos y comiéndose por eso buenos retos.
Por la tardecita se armó un gran lío en la cuadra. E cada casa faltaban fideos, el repollo, las cebollas y los etcéteras. Las mujeres entraban y salían con los brazos para arriba. Y los hombres miraban para arriba con los brazos para abajo. ¡Qué cosa!
La gente fue a la despensa de doña Nely a comprar "anotados", otros fideos. Pero doña Nely descubrió que le faltaban algunas latas de conservas.
Y todo así, como hormiguero antes de la lluvia, cuando alguien gritó:
- ¡Fuego en el baldío! ¡Miren el humo!
Y allí fueron corriendo.
¿Y qué vieron?
En la semioscuridad de la última noche del año, una fogata bailaba loca. Y sobre la fogata, como una joya muy rara, la olla de la abuela chispeando y cantando con la panza llena de cositas cortadas que despedían muy buen olor.
Todo se doraba alegremente en el chasquido del aceite, y los chicos, tiznados, color manzana, color nervioso, revolvían, cortaban, repartían, resoplaban, en una extraña danza del fuego.
Todos los miraron quietos. Los que tenían los brazos para arriba los bajaron y los que tenían los brazos para abajo los subieron justo a la altura por donde rueda una lágrima.
Pero no se detuvieron mucho en eso. Había que ir poniendo la mesa. Una mesa hecha de muchas mesas. Una mesa larguísima, justamente en la esquina del Año Nuevo.

Bibliografía:

Devetach, Laura. La esquina del Año Nuevo. En Una caja llena de Buenos Aires. Colihue, 1996.