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domingo, 22 de marzo de 2015

Hijo con discapacidad y trabajo

A medida que nuestros hijos van creciendo nos preguntamos acerca de su vida adulta, sus posibilidades de superación y progreso en lo personal y en lo económico.
Sin embargo, esta preocupacion deberia iniciar mucho antes, cuando son pequeños y empezamos a educarlos en hábitos positivos.
Sabemos que gran parte de éxito en el ámbito profesional tiene como base hábitos tales como higiene personal y del ambiente de trabajo, orden, puntualidad, trabajo colaborativo. Es por eso que en el hogar es donde se forman estos hábitos, y no en la escuela, como se piensa generalmente.Es en  las instituciones donde las adquisiciones se refuerzan; además les cuesta muchísimo mas para los educadores poder fomentar cambios con los alumnos que no han tenido buena base en su hogar.
La discapacidad no impide la inserción laboral. La plena integración social y realización personal llega a una persona, tenga o no discapacidad, cuando se inserta laboralmente. El trabajo, sea o no remunerado, sea o no calificado, es propio del hombre.Debemos fomentar que nuestros hijos logren sus objetivos, desarrollando sus propias capacidades y buscando recursos que los lleven a satisfacer esa necesidad.
El trabajo para un discapacitado es realmente un DERECHO. Como sociedad, no deberíamos permitir la mendicidad, el asistencialismo ni nada parecido sino la autonomía personal para autoabastecerse de la manera más digna posible. El Estado debería ser creador de empleos para los ciudadanos con alguna situacion de discapacidad  sin caer en discursos demagógicos en los que se recalque la situación de la persona y lo mucho que el gobierno hace por él. Porque repito, es un derecho de toda persona tener acceso a un empleo digno.
Desde las instituciones educativas, desde el hogar y las instituciones que acompañan el crecimiento del individuo se debe fomentar el desarrollo de las capacidades y ofrecer variedad de posibilidades para acceder a una o varias actividades laborales para los jóvenes y adultos con discapacidad. Si en vez de enfocarnos en lo que NO PUEDE recalcamos su POTENCIALIDADES, lograremos que cada ciudadano se  sienta parte de la sociedad y sepa que su aporte es tan necesario y válido como cualquiera de sus semejantes.
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lunes, 17 de noviembre de 2014

"Un puñado de semillas" : un cuento de huerta

Encontré este libro en la biblioteca y me gustó la historia. Aunque un poco triste, no se aleja mucho de la realidad de muchos de los niños de nuestra Latinoamérica.
Refleja los valores del trabajo,la amistad, la solidaridad, el trabajo cooperativo y el apreciar los dones de la naturaleza. También están presentes las enseñanzas de una gran abuela.
Hermosamente ilustrado, me encantó.





Para ver y oír el cuento completo:

https://www.youtube.com/watch?v=b0lrV8-elFs


URL de la imagen: 
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgqZ3p_nFt9UflbQvWjDD7yQttQ2X8oU12ggxY0Cp7_70PQb0FzjOvao7Pz_9ikeQti6IwXKE5paLxtpnmBUk8UTnIhliJUm7jkSvNXDDvzdre6p1QIBeJpb5L-SWCmyvvR3f3sMqKJeIQ/s1600/Un+pu%C3%B1ado+de+semillas.ampliada.jpg

martes, 11 de noviembre de 2014

10 beneficios de cuidar una huerta con los niños

1) Contacto con especies animales
2) Contacto con especies vegetales
3) Aprendizaje de técnicas de cultivo
4) Aprendizaje del cuidado de la naturaleza
5) Aprendizaje de valores como la paciencia, el respeto,el interés por otros, la gratitud por lo que nos ofrece nuestro trabajo y la naturaleza.
6) Actividad física al aire libre.
7) Tiempo para charlar con otros.
8) Formación de hábitos saludables: rutinas de trabajo, técnicas, respeto por horarios y /o estaciones para regar, sembrar, cosechar.
9) Creación de un vínculo positivo con la naturaleza y con los demás : cooperación, colaboración.
10) Producción de alimentos más seguros y saludables.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cuentos con valores : " La esquina del Año Nuevo"


Un cuento infantil  donde los protagonistas son los chicos.Recomendado para leer en familia.
Leerlo me hace revivir experiencias de mi niñez, repletas de juegos de barrio con amigos y primos.Me recuerda también que en las grandes necesidades hay grandes posibilidades de hallar más afecto, solidaridad, pureza, generosidad y amistad. Como digo siempre acerca de las Fiestas de Navidad, Fin de Año y Reyes: Agradezco las celebraciones en las que menos cosas materiales recibí porque, a  cambio, tuve mucho amor de mis seres queridos.




La Esquina del Año Nuevo 
por Laura Devetach


Si en el barrio había un juguete, ése era la olla de la abuela.Negra, panzona, increíble, colgaba de un paraíso atada con una soga.
La abuela vivía en la esquina, al lado del baldío. Y los chicos se hamacaban en la olla, se internaban en su panza y realizaban misteriosos viajes balanceándose en la rama.
Pero las cosas no andaban muy bien por aquellos tiempo. El dinero valía tan pero tan poco que, si se caía una moneda, la gente que tenía trabajo ni se agachaba a levantarla.
Sí, la gente que tenía trabajo. Porque muchísima gente  no tenía dónde trabajar. LA Navidad había venuido bastante arrugada y tristona, con poco para festejar.
Chabela y sus hermanos no habían tenido regalos. Ni Bety, ni los mellizos, ni casi nadie. Laurita y Gusti estaban un poquito mejor porque, como sus padres sí tenían trabajo, hicieron sangría para convidar a algunos vecinos y ellos recibieron unas zapatillas rojas con las que podían hasta volar.
Pero el Año Nuevo pintaba negro.
Para Chabela el Año Nuevo nunca había tenido mucha gracias porque era una fiesta sin regalos. Pero  Laurita decía que era divertido.
A veces los grandes se ponían tristones por esas cosas del año que se va y del año que viene y de que allá por año verde las cosas andaban mejor y etcétera.
Pero las noches se doraban con cohetes y había confites y as polleras bailaban en el aire. Gusti no entnedía por qué en Año Nuevo regalos no. Y andaba reclamando y, hasta hacía poco, el muy sí señor había conseguido un autito extra.
Pero esta vez, ni soñando.
Peor, esta vez andaba todo tan nublado que en las casas no había qué comer.
Chabela, Laurita y Gusti ya habían hecho sus averiguaciones por la cuadra. Doña Celia tenía fideos. La Abuela, repollo. Los Gutiérrez, cebollas y fideos. Y así, fideos más, fideos menos, hasta que se enteraron de que los siete hermanitos Pérez tenían dos cubitos de caldo y un pan.
Aquella tarde fue muy activa para los chicos.
Chabela habló con Laurita, Laurita lo mandó a Gusti y Gusti lo mandó a Pechecho, que dijo que sí aunque no entendió muy bien la cosa porque tenía dos años.Se pelearon y se amigaron con Raúl, Susana, Germán, Gustavo, los mellizos y MAría José.
Fueron y vinieron  haciéndose los buenitos, blanqueando los ojos si alguien les preguntaba qué hacían y, sobre todo, desapareciendo durante buenos ratos y comiéndose por eso buenos retos.
Por la tardecita se armó un gran lío en la cuadra. E cada casa faltaban fideos, el repollo, las cebollas y los etcéteras. Las mujeres entraban y salían con los brazos para arriba. Y los hombres miraban para arriba con los brazos para abajo. ¡Qué cosa!
La gente fue a la despensa de doña Nely a comprar "anotados", otros fideos. Pero doña Nely descubrió que le faltaban algunas latas de conservas.
Y todo así, como hormiguero antes de la lluvia, cuando alguien gritó:
- ¡Fuego en el baldío! ¡Miren el humo!
Y allí fueron corriendo.
¿Y qué vieron?
En la semioscuridad de la última noche del año, una fogata bailaba loca. Y sobre la fogata, como una joya muy rara, la olla de la abuela chispeando y cantando con la panza llena de cositas cortadas que despedían muy buen olor.
Todo se doraba alegremente en el chasquido del aceite, y los chicos, tiznados, color manzana, color nervioso, revolvían, cortaban, repartían, resoplaban, en una extraña danza del fuego.
Todos los miraron quietos. Los que tenían los brazos para arriba los bajaron y los que tenían los brazos para abajo los subieron justo a la altura por donde rueda una lágrima.
Pero no se detuvieron mucho en eso. Había que ir poniendo la mesa. Una mesa hecha de muchas mesas. Una mesa larguísima, justamente en la esquina del Año Nuevo.

Bibliografía:

Devetach, Laura. La esquina del Año Nuevo. En Una caja llena de Buenos Aires. Colihue, 1996.